Exclusiva con Julio Escalona: Derecha intenta destruir los símbolos revolucionarios, pero fracasará

  • Domingo, 17 Enero 2016 20:37
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En entrevista realizada por Clodovaldo Hernádnez en exclusiva para La Iguana.TV, el economista y profesor universitario Julio Escalona (Valencia, 1938) señaló que mientras la derecha utilizó de manera muy profunda el ataque a lo simbólico, la Revolución se dedicó a hacer una campaña electoral tradicional, basada en movilizaciones, marchas, mitines. “No observar ese proceso simbólico es una de las claves de la derrota”, aseguró el ex dirigente guerrillero y líder de Liga Socialista.

 

En la conversación con el periodista Clodovaldo Hernández, Escalona, ex embajador alterno ante la Organización de las Naciones Unidas, también expuso opiniones como los siguientes:

 

Es muy difícil que puedan destruir las raíces profundas de la Revolución. Yo creo que la oposición va a fracasar en ese empeño. En el supuesto de que ese proceso fuese derrotado, esas raíces brotarán de nuevo en el momento en que la tierra sea fértil. Esos símbolos son ya una adquisición no solo política, sino también cultural del pueblo venezolano.


Ramos Allup es un provocador profesional, pues no solo ordenó retirar las imágenes, sino que hizo que lo filmaran cuando lo estaba haciendo, y utilizó las expresiones más soeces, los llamó “basura” y “esa vaina”. Creo que hizo eso porque pensaba que el pueblo chavista iba a reaccionar violentamente, para seguir satanizándolo. Pero el pueblo no respondió con violencia, sí con energía y fuerza espiritual, se compactó, se reagrupó y demostró una gran madurez.
Habría que hacerle un análisis de sangre a Ramos Allup para que se dé cuenta de que también él es amulatado.


No sé qué puede tener de raro que en un país que se llama constitucionalmente República Bolivariana de Venezuela, la institución militar se denomine Fuerza Armada Nacional Bolivariana.


Debería dialogarse para establecer un modus vivendi y un modus operandi que tengan como base la no violencia. Sin embargo, muchas veces se ha utilizado la categoría del diálogo para referirse a negociaciones que le permitan a ciertos sectores ponerle la mano a la renta petrolera.


No denunciamos con propiedad las desgracias que causa el neoliberalismo porque estamos impregnados de una política fundada en la agitación y debemos cambiar a una política fundada en la educación, en la formación,


A continuación, el diálogo completo:

 

-Hay una lucha en el terreno de lo simbólico, con Bolívar y Chávez como íconos fundamentales. ¿Cree que la derecha puede ganar esa batalla?

 

-La lucha por los símbolos ha sido importante en toda la historia de la humanidad. Los símbolos son algo aparentemente inmaterial, pero la verdad es que materializan sentimientos, emociones, creencias, ideas y el espíritu de lucha. Quizá no vimos claro que en la campaña electoral, la derecha utilizó de manera muy profunda ese aspecto simbólico, emprendió un trabajo de destrucción de los símbolos del proceso chavista. Nosotros nos dedicamos a hacer una campaña tradicional, basada en movilizaciones, marchas, mitines. No observar ese proceso simbólico es una de las claves de la derrota. Sin embargo, creo que es imposible que la derecha logre su objetivo de destruir totalmente esos símbolos. En estos 17 años, pero sobre todo mientras estuvo con nosotros el presidente Chávez se logró un reencuentro con nuestras raíces históricas y antropológicas. Si algo hizo bien Chávez fue la labor de pedagogía política que le dio fundamento al proceso. Nos volvió a contar la historia pacientemente. Y el pueblo lo siguió en ese empeño y se formó. Así lo demuestra ese nivel de 5 millones 600 mil venezolanos que han seguido respaldando a la Revolución. Es muy difícil que puedan destruir esos vínculos, esas raíces profundas. Yo creo que la oposición va a fracasar en ese empeño. La única manera de que triunfe es que nosotros abandonemos ese camino. En el supuesto de que ese proceso fuese derrotado, esas raíces brotarán de nuevo en el momento en que la tierra sea fértil. Esos símbolos son ya una adquisición no solo política, sino también cultural del pueblo venezolano.

 

-¿Ramos Allup montó el show de los retratos para medir su fuerza?

 

-Él es un provocador profesional, pues no solo ordenó retirar las imágenes, sino que hizo que lo filmaran cuando lo estaba haciendo, y utilizó las expresiones más soeces, los llamó “basura” y “esa vaina”. Creo que hizo eso porque pensaba que el pueblo chavista iba a reaccionar violentamente para seguir satanizándolo. Pero el pueblo no respondió con violencia, sí con energía y fuerza espiritual, se compactó, se reagrupó y demostró una gran madurez. Así que creo que quienes van a salir derrotados y desacreditados de esta batalla simbólica son los dirigentes de la derecha porque tanto Bolívar como Chávez forman parte de la cultura del pueblo venezolano, ya sea para quererlos o para odiarlos. Hasta quienes los odian, los necesitan. Por cierto, el problema de la burguesía y de sus sectores aliados no es con la nueva imagen de Bolívar sino con Bolívar, sea cual sea su imagen. De hecho, en 2002, el cuadro del Libertador que bajaron del Salón Ayacucho no era este, que todavía no existía, era uno de los “cuadros clásicos”, pero igual lo quitaron. Ellos lo odian porque Bolívar es un símbolo rebelión, de independencia, de libertad. Cuando quitan un retrato de Bolívar se retratan ellos mismos, en sus bajas pasiones, en sus resentimientos. Por ahí no creo que vayan a avanzar. Podrían darse cuenta del error que están cometiendo, pero el odio que sienten es tan grande que les impide razonar. Aparte del sector de la población que está tan enfermo de odio como ellos, no creo que esto surta efecto en más nadie.

 

-Tal vez aspiran a despertar los sentimientos racistas que existen entre la gente…

 

-Me gustó mucho un artículo de Earle Herrera sobre ese tema. Él cita allí la descripción que hizo (Daniel Florencio) O’Leary (edecán del Libertador), la cual coincide más con el Bolívar “amulatado”, como lo calificó Ramos Allup que con los que él llama “los cuadros clásicos”. Lo que pasa es que la oligarquía quiere un Bolívar blanco o, como dice Earle, caucásico. El doctor Hernán Méndez Castellanos hizo una investigación muy exhaustiva acerca del patrimonio genético del venezolano. Él contaba con mucha picardía que cuando iba a reuniones en la Academia de Medicina, solía decir que en Venezuela todos tenemos un gen negro. Y, como muchos de los miembros de esa academia se creían caucásicos, algunos se levantaban y le decían que eso era un insulto. Entonces, él les decía “yo tengo aquí una inyectadora y un tubo de ensayo, si usted me lo permite, le saco la sangre ya y la semana que viene la traigo el resultado para que se convenza”. Pero nadie se atrevió… Prefirieron que si tenían ese gen, no se supiera. Esa anécdota habría que rescatarla ahora y sacarle sangre a Ramos Allup para que se dé cuenta de que también él es amulatado.

 

-Otro de los focos del ataque simbólico va directo al seno de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. ¿Cómo ve usted la posibilidad de que surjan grupos de oficiales que asuman esta posición de la derecha?

 

-Lo que a ellos no les gusta realmente es Bolívar. No les gusta que esta patria se llame República Bolivariana de Venezuela. Por eso vuelvo al dato del golpe de abril de 2002, cuando anularon inmediatamente ese nombre. No sé qué puede tener de raro que en un país que se llama constitucionalmente República Bolivariana de Venezuela, la institución militar se llame Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Eso no tiene por qué extrañarle a nadie. Ahora, frente a la pregunta concreta: la Fuerza Armada es de este país y no tiene nada de raro que dentro de ella se refleje el debate que hay en la nación. No creo que los oficiales que apoyan esas actitudes de la derecha sean el grueso de la FANB porque, además, es un orgullo ser bolivariano. Bolívar es una figura mundial, hasta la BBC de Londres, que es muy poco sospechosa de ser socialista, declaró a Bolívar el líder más importante del siglo XIX, por encima de Napoleón Bonaparte y de tantos otros. En todo caso, no dudo que haya una corriente que coincida con la derecha venezolana, pero dudo que algún oficial se solidarice con la quitada del cuadro de Bolívar. Sin embargo, como seguramente allí también hay “caucásicos”, es posible que alguno comporta el disgusto que el retrato le causa a Ramos Allup.

-En la presentación del mensaje anual, el presidente Nicolás Maduro volvió a invitar a la oposición a dialogar. ¿Usted cree viable un entendimiento?

 

-Debería dialogarse para establecer un modus vivendi y un modus operandi que tengan como base la no violencia. Sería políticamente conveniente partir de allí porque hay que ponerles una chaqueta de fuerza a los violentos que están en las filas de la oposición y establecer que las relaciones entre gobierno y oposición, y entre los venezolanos en general, deben estar basadas en la paz. Sin embargo, muchas veces se ha utilizado la categoría del diálogo para referirse a negociaciones que le permitan a ciertos sectores ponerle la mano a la renta petrolera. Hasta ahora, cuando los empresarios se sientan a la mesa lo que quieren es devorar más renta petrolera. Con ese tipo de diálogo estoy en total desacuerdo. A esos señores, por el contrario, habría que reclamarles cuentas sobre los dólares a 6,30 que les fueron entregados en 2014 y que fueron sacados del país. Algunos cálculos indican que hay actualmente 300 mil millones de dólares circulando en mercados extranjeros, financiando el desarrollo y las economías de otros países y destruyendo la economía venezolana. Si el diálogo va a servir para repetir eso, no sirve.

 

-¿Cómo diferenciar los propósitos?

 

-Negarse a conversar es una tontería, una actitud adolescente, decir “me puse bravo y no te hablo más”.  Esa nunca ha sido la posición del presidente Maduro. La de la derecha, sí. A veces se ponen adolescentes y sale a relucir su posición clasista, oligárquica. No quieren hablar “con ese chofer”, pero como él administra la renta petrolera, aceptan sentarse con él para arrebatársela al país. Claro, que evitar ese tipo de “diálogo” no impide que se produzca la transferencia de dinero de los fondos públicos al capital privado, pues eso también lo logran mediante los mecanismos de la corrupción. Por eso es que detrás de un funcionario público corrupto siempre hay un empresario corrupto o corruptor que se apropia por esa vía de la renta petrolera.

 

El factor paramilitar


-Usted ha advertido durante años acerca de la influencia que tiene el factor del paramilitarismo en nuestra vida política. ¿Podría explicar un poco su advertencia y decir qué debe hacerse ante eso?

 

-Lamentablemente no se le ha dado importancia a las denuncias de Luis Britto García y que yo también he planteado. Lo de la finca Daktari fue un antecedente muy grave y no se puede ver como un hecho aislado, sino como una política imperial para invadir al país. Nos hemos acostumbrado a creer que la invasión extranjera consiste en unos soldados que vienen a violar nuestras fronteras y son enfrentados por otros soldados que tratan de contenerlos. El campo de batalla cambió radicalmente, los ejércitos del futuro, que ya es presente, son privados. En la medida en que el capital financiero, asociado a las cúpulas militares del Pentágono y la OTAN, es el que gobierna al mundo se impone la meta de eliminar los Estados nacionales y los ejércitos nacionales. Eso le facilita las cosas porque los ejércitos privados son fuerzas que no tienen compromisos con organismos internacionales ni tienen que cumplir pactos ni normas del derecho humanitario. Son ejércitos absolutamente carentes de responsabilidad, que pueden cometer los crímenes más atroces, que siembran el terror, pero no porque individualmente los paramilitares sean unos bichos, que sí lo son, sino porque cumplen una función para el sistema hegemónico. Cuando eliminaron las bases de estado de bienestar, eliminaron también las bases de la democracia representativa, desapareció la posibilidad de una cohesión social fundada en una negociación interclasista. Lo que se impone ahora es una cohesión social mafiosa, sobre la base del terror. Nadie puede discutir que las mafias están bien cohesionadas, sobre las bases del miedo, el terror y la corrupción. Esos son los “valores” de hoy y si nosotros supiéramos atacar eso, demostrar los hechos, dar a conocer los datos, podríamos derrotar la hipocresía sobre la cual descansa la dominación capitalista hoy en día. También es necesario explicar cómo el poder hegemónico se apropió del tema de los derechos humanos y lo convirtió en un arma para atacar a nuestros países. Y explicar que la sociedad más antidemocrática y perversa que existe hoy es la de Estados Unidos, por culpa de las cúpulas que gobiernan esa sociedad. No denunciamos con propiedad las desgracias que causa el neoliberalismo porque estamos impregnados de una política fundada en la agitación y debemos cambiar a una política fundada en la educación, en la formación, para mostrar cuál es la realidad del mundo de hoy. Tenemos que hacerle entender a la gente que el 11 de septiembre de 2001 hubo un golpe de Estado mundial, dado por el imperialismo, que ha sumido al mundo en un estado permanente y generalizado de guerra. Se legalizó la tortura y la desaparición forzada, las cárceles clandestinas, las listas negras  de sospechosos de terrorismo que son asesinados mediante armas como los drones… Nuestra política es muy débil en ese aspecto de educar sobre lo que es el mundo de hoy donde se oprime a toda la humanidad, en nombre de una supuesta democracia y los derechos humanos.

 

(Por Clodovaldo Hernández / Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.)

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