¿Nos corrompieron?: El fuerte artículo de Hernández Montoya sobre lo que pasa en Venezuela

  • Domingo, 21 Febrero 2016 13:03
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No. No a todos. Pero acabo de enterarme de que la corrupción es perversa. Es decir, en serio, no solo daña sino contagia y descompone todo lo que toca.

 

Idea: combatir colas con bolsas de comida distribuidas por las comunidades. Pero llega la corrupción y ¡zuas! bachaquea las bolsas o las vende con sobreprecio, bajo cuerda, que es lo mismo. Protegida por una mafia poderosa.

 

Idea: la agricultura urbana. La comunidad siembra, riega, fertiliza, mima, cosecha, empaqueta y cuando va a distribuir ¡ñácata! la corrupción desvía, bachaquea, revende con sobreprecio, contrabandea. Protegida por una mafia intimidante.

 

Idea: economía mixta, unificar esfuerzos entre gobierno y empresariado, todo bien, aumento de la producción, generación de empleo, exportación, hasta que ¡pin! la corrupción empresarial bachaquea, acapara, revende en mercado negro. Respaldada por una mafia amenazante.

 

Idea: centralizar las importaciones. Excelente, así se evita la especulación con divisas desviadas de su objetivo, se planifica la satisfacción de las necesidades, estudiadas científicamente, todo encaja, alimentos, medicinas, equipamiento, repuestos. No hay especulación. Y en eso llega la corrupción y ¡cataplún! acapara, esconde, bachaquea desde la llegada misma de los contenedores, los productos terminan en Colombia, el Brasil, el Caribe. Todo defendido por una mafia que causa terror hasta al propio gobierno.

 

Idea: liberar las divisas, se acaba el mercado negro de dólares, chao Dólar Today, muere la corrupción en la asignación de divisas, se estabiliza la cotización, se sincera el valor del bolívar y en eso ¡zuácata! la parte parásita y rentista del empresariado acapara todas las divisas y no queda en Banco Central ni un céntimo de dólar para importar una caja de chicles.

 

Creo que por ahí va la cosa porque no fue Mendoza quien importó los contenedores de baterías y neumáticos que desaparecieron apenas llegaron, digo, si es que llegaron. Si quieres una batería tienes que empezar la cola a las cuatro de la tarde para que una empresa sádica te la venda a las diez de la mañana. O la compras en mercado negro a numerosas veces el precio «normal».

 

¿Por qué no cruzamos Los Andes como Bolívar cuando se le trancó el serrucho? O alguna otra audacia bolivariana.

 

Por Roberto Hernández Montoya

 

(aporrea.org)

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