¿existe la eyaculación femenina? Sexólogo explica el tema con lujo de detalles (+mitos)
miércoles, 9 de marzo 2016

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La eyaculación es un parafenómeno de la respuesta sexual femenina como puede ser la sudoración o la contracción muscular intensa del suelo pélvico en el momento del orgasmo, explica el doctor Francisco Cabello Santamaria, director del Instituto Andaluz de Sexología y Psicología.

 

El sexólogo sostiene que existen dos causas que explican por qué algunas mujeres dicen no eyacular. Por un lado, la eyaculación retrógrada, por la que parte del fluido que se emite va hacia la vejiga y por otro, que se eyacule una cantidad imperceptible, “todas las mujeres eyaculan pero en pequeñas cantidades”.

 

Norma Román Urtiz, psicoterapeuta y terapeuta sexual de la Fundación Sexpol, manifiesta que la imagen de la mujer eyaculadora transmitida desde el mundo de la pornografía en la que la cantidad de líquido eyaculado puede medirse en una taza es la menos frecuente.

 
 

Cabello explica que las cantidades varían bastante en las muestras tomadas por distintos autores, desde 50 mililitros hasta lo más habitual, que son unos 4 mililitros. “Pensamos que cuando se eyacula mucho se debe a que por motivos congénitos, las glándulas son más grandes que las de la mayoría”, aclara.

 

¿Cómo se logra? La psicoterapeuta advierte que no hay un método específico para eyacular aunque “se ha estudiado que cuanto más se estimule la zona parauretral, es más probable que aparezca”, y que habitualmente se logra a través de la estimulación de la zona del punto G , que se encuentra alrededor de tres centímetros en la parte anterior de la vagina.

 

¿Es posible eyacular sin tener un orgasmo? Sí, se puede emitir gran cantidad de fluido sin tener un orgasmo, concluye Cabello y matiza, “la gente que habitualmente tiene la sensación de eyacular, suele considerar que cuando el placer es mayor se eyacula de forma más intensa”.

 

¿Qué se sabe de este líquido?

 

Según Cabello, el líquido se acumula a medida que la mujer se excita y en el momento del orgasmo, la presión en la zona, sumada a las contracciones orgásmicas, produce la secreción.

 

La uretra femenina mide 3 cm aproximadamente y en ese espacio hay unas 30 glándulas. El fluido está en lo que “algunos autores denominan la próstata femenina”, compuesta por las glándulas uretrales, parauretrales y el conducto de Skene.

 

En cuanto a las características, el doctor Cabello señala que este fluido es incoloro, inodoro y no mancha; no se le atribuye un sabor concreto de manera generalizada.

 

Al contrario de lo que se puede pensar, no es ni orina ni líquido lubricante. El especialista llevó a cabo una serie de investigaciones en las que se demostró que el fluido contiene antígeno prostático específico (PSA), que hasta ese momento solo se había encontrado en el hombre. Y aclara, al tener la misma composición que las glándulas prostáticas masculinas, las femeninas emiten el mismo PSA.

 

Otro de los componentes químicos a destacar es la fosfatasa ácida y añade, “inevitablemente comparte elementos de la orina”, en cualquier relación sexual, tanto los fluidos del hombre como los de la mujer, se mezclan con los restos de orina que hay en la uretra.

 

Diferencias con la eyaculación masculina. Las diferencias en contenido son muy notables, remarca el sexólogo. El líquido seminal es muy rico en zinc, fructosa y albúmina, elementos que no están presentes en el fluido femenino, que tampoco contiene espermatozoides.

 

Ante todo no obsesionarse

 

La terapeuta sexual es contundente al afirmar que la satisfacción sexual depende de muchos factores, “el placer no lo dan solo el orgasmo o la eyaculación”. Y advierte, muchas veces la sociedad impone metas sexuales por las que algunas personas se obsesionan perdiéndose lo más importante: disfrutar.

 

Norma Román concluye que una persona puede aprender y autoexplorarse para crecer sexualmente, pero sin obsesionarse. “La madurez sexual muchas veces no está acompañada de las cosas que sabes o no hacer”, sino de la capacidad para darse cuenta de las propias sensaciones y necesidades así como de las de la otra persona, concluye.

 

(elespectador.com)

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